El concepto de los valores institucionales ha ganado importancia a medida que surgen nuevas generaciones de estudiantes, pero ¿cómo funcionan realmente y cuál es su rol en la formación a largo plazo?
El sistema educativo moderno se encuentra en una etapa de transformación caracterizada no solo por el desarrollo tecnológico, sino también los cambios constantes que atraviesan las nuevas cohortes de jóvenes. Si bien cada generación de estudiantes es distinta, hay una cosa que las mantiene unidas con el paso del tiempo: los valores institucionales.
Diferencias entre valores institucionales y escolares
Cuando se habla de los valores institucionales, muchas personas los confunden con los valores escolares. Aunque los términos son similares, la realidad es que cada entramado de valores tiene objetivos distintos, siendo los primeros menos influyentes en la vida diaria del estudiante, pero mucho más importante cuando se hace seguimiento de los mismos a largo plazo.
Los valores institucionales
Los valores institucionales son todos aquellos lineamientos que se instauran con la misión de lograr que los estudiantes se acojan a una brújula profesional que se mantendrá a lo largo de los años.
Estos estándares, aunque «imaginarios», tienen un impacto duradero en los estudiantes, quienes pueden llevarlos por muchos años como estandartes de su proceso formativo. Estos incluyen:
- Búsqueda de la excelencia.
- Pensamiento crítico.
- Capacidad de adaptación y proactividad.
- Expansión constante del lenguaje.
- Compromiso activo con el medioambiente y las comunidades necesitadas.
- Exploración de actividades extracurriculares.
Estos valores también incluyen las medidas que implementan las escuelas para brindar seguridad a los estudiantes, tanto de las amenazas externas como de las internas. Lo mismo ocurre con el seguimiento estricto y personalizado a la educación de los jóvenes.
Los valores escolares
Por su parte, los valores estudiantiles se relacionan mucho más con lineamientos éticos y morales que las instituciones fomentan en los jóvenes. Algunos de estos pueden incluir:
- Respeto a compañeros, educadores y personal.
- Perseverancia y búsqueda de la innovación.
- Capacidad para trabajar en equipo, teniendo en cuenta la cooperación y el compañerismo.
- Solidaridad para con el resto de los estudiantes.
- Respeto por las reglas.
- Rechazo inequívoco hacia cualquier actitud que pueda representar la corrupción de dichos valores (por ejemplo, hacer trampa).
Efectivamente, estos valores son más complejos de infundir de manera efectiva, y su seguimiento con el paso de los años es prácticamente imposible. Sin embargo, su objetivo es lograr que los estudiantes sean capaces de adaptarse a la sociedad de forma más adecuada.
Más que valores
Aunque la etapa estudiantil de la población puede quedar como algo pasado para muchos, la realidad es que estos valores casi siempre se mantienen como pilares del desarrollo personal y profesional de las personas.
Es por eso que las escuelas deben esforzarse por mantener un control estricto sobre todo lo que pasa dentro de la institución.
No se trata únicamente de los valores y la calidad de la educación, sino también la preparación del personal, y hasta el estado de las instalaciones. Por ejemplo, con sensores y cámaras para evitar actividades ilícitas, o sistemas de teclado de acceso para puertas que eviten la intrusión de personas ajenas a la institución, se crean ejemplos a seguir que moldean a los estudiantes a largo plazo.
Importancia conjunta e impacto
Si bien cada conjunto de valores cumple con un objetivo, los mismos significan poco o nada si no se implementan al unísono durante el proceso formativo. Es solo cuando estos se unen que cobra vida su poder para orientar al estudiante, creando una suerte de guía de conducta para su vida futura.
Es fácil ver como la búsqueda de la excelencia y el pensamiento crítico, en conjunto con el respeto a los compañeros son esenciales para un desempeño adecuado, no solo en el mundo laboral, sino en todos tipo de ámbitos sociales. Ocurre lo mismo con rechazo a la corrupción de los valores que, sumado al compromiso ambiental y social, son propulsores de sociedades mucho más justas.
Es evidente que estos valores no siempre quedarán arraigados en la mente de los estudiantes, especialmente cuando las instituciones son incapaces de crear experiencias positivas y memorables, para los jóvenes, por lo que el esfuerzo no solo debe estar en el desarrollo de estos lineamientos, sino en su adecuada implementación.



